viernes, 7 de noviembre de 2014

¿La economía colaborativa es socialmente solidaria?

A lo largo del siglo XX, la Economía Colaborativa, en su forma digital, está irrumpiendo con fuerza en nuestras vidas.

El término Economía Colaborativa se está utilizando desde principios de 2012 y cubre una amplia variedad de temas, modelos económicos y formas de negocio. El punto en común a todas estas iniciativas, el punto de partida para la definición de la Economía Colaborativa es el concepto anglosajón del P2P (“peer to peer”).

Las redes “de igual a igual”  son un sistema de comunicación por internet que no tiene ni clientes ni servidores fijos, sino una serie de nodos que se comportan a la vez como clientes y como servidores de otros nodos de la red, en el que los datos o los metadatos se transfieren a través de una red dinámica. Esta tecnología permite el intercambio de ficheros, datos e información sin la necesidad de una jerarquización de medios ni de agentes intervinientes en la red o sistema, atribuyendo a todos las partes implicadas el mismo papel y el mismo protagonismo.

La Economía Colaborativa reúne iniciativas de préstamo, arrendamiento, donación, permuta o venta de bienes y servicios entre las personas, compartir el viaje para el intercambio de material entre los vecinos, etcétera. Pero muchos otros aspectos de la Economía Colaborativa crecen aguas arriba de la fase de consumo, siempre en el principio del intercambio de igual a igual. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a los proyectos de micromecenazgo, la producción contributiva (que es una extensión, a la esfera material y tangible, de los métodos de producción practicados en la esfera contributiva e inmaterial de la creación de software libre) o la producción y el intercambio de conocimiento en escenarios de democracia abierta.

Estos sistemas se han desarrollado gracias a las herramientas digitales: prácticas existentes desde siempre (servicios de préstamo e intercambio de objetos) a través de la familia o entorno y que ahora se extienden a un círculo mucho más amplio. Las plataformas tecnológicas facilitan el contacto con desconocidos, dándonos el nivel necesario de confianza en el intercambio, a través de sistemas de reputación cada vez más sofisticados. Este escenario nos ofrece pasaje interacciones en una escala sin precedentes hasta ahora hace que las plataformas realmente eficientes para todo el desarrollo de este tipo de comercio.

Independientemente de que podamos cuestionar que la Economía Colaborativa reúna en un mismo escenario diversos actores, lo incuestionable es la implicación de cuantías ingentes de recursos en una estructura de capital de lo más clásica, que contribuye a dar valor a la propiedad compartida. Modelos de creación y distribución de valor que, siendo muy diferentes, incluso divergentes, son un desarrollo común de comercio dinámico de igual a igual.

Por otra parte, la Economía Colaborativa, siendo un conjunto de herramientas, prácticas o formas, puede conllevar cosas buenas y malas. Por tanto, la forma de modelo económico o la legalidad del mismo es, definitivamente, más un criterio de oportunidad que de determinación de si un proyecto o una empresa tienen un impacto social positivo o no.

Pero creo que debemos ir más allá en la reflexión sobre los criterios para definir el carácter de solidaridad social de este tipo de modelo económico. Creo igualmente que hay que insistir en valores tales como la apertura, la transparencia y el impacto social, por ser éstos los verdaderos motores del desarrollo de iniciativas de colaboración.

Así, se asocian prácticas de Economía Colaborativa con los valores compartidos relacionados con la Economía Social y el movimiento de los bienes comunes. Mediante la mezcla de estos ingredientes, podemos conseguir pequeños “milagros” en la creación de riqueza compartida. Wikipedia es un buen ejemplo de ello.

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