miércoles, 14 de noviembre de 2012

Gestión del mercado de trabajo

Estamos en período electoral.

Hoy es día de huelga general.

La efervescencia política en estos días es máxima.

La situación laboral, entendida como causa o como consecuencia, es centro de atención de la mayor parte de debates políticos.

En España una grave situación en la relación de los jóvenes con la actividad productiva que se manifiesta no sólo en la elevadísima tasa de paro en este sector de la población, sino también en una baja tasa de actividad, acompañada por una cada vez más significativa “exportación” de mano de obra joven y cualificada hacia zonas con mayores niveles de ocupación, esencialmente el norte de Europa, aunque sin obviar el papel de Latinoamérica.

No creo que sea exagerado afirmar que la experiencia del desempleo juvenil tendrá efectos definitivos en las posibilidades de inserción en las actividades productivas del grueso de los miembros de las actuales generaciones de jóvenes, configurando necesariamente un complicado escenario del mercado laboral a futuro.

Aunque es cierto que existen problemas de desempleo juvenil en la mayoría de los países industrializados, la dimensión del problema en España no admite un tratamiento en términos comparables a los de otros países, ni es posible reducir sus causas a los esquemas de análisis convencionales empleados para otros países.

La gravedad del desempleo juvenil en España está en relación con la masividad a la mayoría de los tramos de edad y permanencia que ha alcanzado el desequilibrio del mercado de trabajo. De esta forma, aunque pueden existir aspectos sectoriales importantes, no es conveniente analizar la contratación y los salarios de los jóvenes prescindiendo del contexto global del mercado de trabajo.

Una visión sectorializada del desempleo juvenil que deje de lado las causas del desequilibrio global del mercado de trabajo puede conducir a la adopción de medidas que no resuelvan el problema de fondo y que contribuyan a profundizar la discriminación a futuro de los hoy jóvenes en el mercado laboral.

Es cierto que existen componentes demográficos, generacionales, educativos y sociológicos que contribuyen significativamente a agravar la situación de precariedad de los jóvenes en relación con la actividad productiva, sin embargo, el problema del desempleo de los jóvenes debe ser enfocado prioritariamente como reflejo de los problemas estructurales del mercado laboral español. Y ello en una doble aceptación: por un lado es el resultado de un profundo desajuste entre los desarrollos institucionales y las necesidades de un funcionamiento eficiente del mercado que, junto a otros factores, ha dañado sensiblemente a la capacidad de la economía española para mantener y crear puestos de trabajo; y por otro lado, porque los costes de este desequilibrio no han repercutido de forma homogénea sobre el conjunto de los asalariados. Mientras los asalariados que han logrado mantener su puesto de trabajo apenas se han visto afectados por esta situación, la mayor parte del coste ha recaído sobre los asalariados que han perdido su puesto de trabajo o se han visto abocados a una jubilación prematura, sobre las mujeres, uno de los eslabones débiles de la cadena y, finalmente, sobre los jóvenes.

Por esas razones, considero imprescindible una reforma flexibilizadora del mercado de trabajo como el aspecto fundamental de la política de empleo, sin que con ello se pretenda negar la conveniencia o eficacia de otras medidas de carácter sectorial.

La necesidad de flexibilizar el mercado de trabajo aparece como una constante prácticamente universal en la totalidad de las recomendaciones de política económica formuladas por los organismos internacionales y en las políticas de empleo diseñadas por la mayoría de los gobiernos de los países industrializados, tanto de la zona euro como al otro lado del Pacífico. Aunque el contenido y los procedimientos pueden variar sustancialmente de unos casos a otros, la generalidad de este planteamiento surge de unos sólidos indicios de evidencia empírica favorable a una rigidez excesiva de los marcos institucionales de los mercados de trabajo y paralelamente de una evolución reciente en el campo del pensamiento económico que tiende a atribuir un alto grado de responsabilidad a la relativa flexibilidad de los mercados laborales en el funcionamiento macroeconómico en los diferentes países.

Sin duda el origen de todos los planteamientos actuales sobre la necesidad de flexibilización del mercado de trabajo se encuentra en la incidencia de esta cuestión sobre el funcionamiento agregado de la economía. La demanda de flexibilidad surge como una exigencia del ajuste macroeconómico y como un instrumento de política económica para hacer frente a las situaciones de desempleo masivo.

Este es el enfoque que ha dominado en las recomendaciones de los organismos internacionales y que ha sido enfatizado en la literatura sobre la crisis económica.

Desde esta perspectiva la regulación del mercado de trabajo ha conducido a un desequilibrio masivo y permanente que no puede ser combatido en mejorar sustancialmente su funcionamiento. Desde este planteamiento, el más conocido y popularizado, el aspecto prioritario de la flexibilización del mercado de trabajo es hacer que el sistema de remuneraciones sea el adecuado para un crecimiento equilibrado y que la regulación del mercado de trabajo tenga en cuenta la situación de desequilibrio existente. Por ello, desde esta perspectiva el acento se pone en moderar el crecimiento de los salarios, superar las fórmulas rígidas de indicación y reducir los costes laborales no salariales. Aunque la importancia de la prolongación de la recesión y los escasos efectos de las políticas económicas contractivas han reforzado la necesidad de flexibilización como requisito del ajuste macroeconómico, esta necesidad se plantea también desde otros vértices que han recibido menos atención pero que no son menos significativos e importantes.

Conforme se ha ido profundizando en el debate sobre la flexibilidad del mercado de trabajo el enfoque se ha ido desplazando progresivamente desde el ángulo de funcionamiento macroeconómico a las exigencias del ajuste microeconómico.

El funcionamiento flexible del mercado aparece como un requisito no sólo para evitar o reducir los desequilibrios agregados, sino para facilitar la adaptación de empresas y sectores a los estímulos de la nueva relación de precios relativos, a los cambios en la tecnología disponible y en la propia organización industrial.

Las exigencias de ajuste microeconómico, no afectan exclusivamente a la movilidad del empleo, en su aceptación puramente cuantitativa: ajuste de plantillas, movilidad geográfica o tiempo de trabajo, sino que requieren una mayor flexibilidad funcional de la mano de obra que facilite el reciclaje desde las ocupaciones en decadencia hacia las ocupaciones en expansión. Especialmente, el cambio técnico es una poderosa fuerza impulsora de ajustes internos en el mercado de trabajo, para los que resulta muy importante la flexibilidad funcional: el cambio técnico requiere un ajuste gradual de la fuerza de trabajo existente y, a la vez, suministra nuevas oportunidades de empleos más cualificados y con mejores condiciones de trabajo.

Sin embargo, existen importantes obstáculos que se oponen a estas transformaciones como son las estructuras ocupacionales rígidas, la baja competencia entre trabajadores que limita su movilidad, y las prácticas inflexibles de las direcciones de personal.

Algunos de estos obstáculos pueden ser superados desde el interior de las relaciones laborales a través de procesos de negociación y concentración, pero para superar otros son necesarios cambios que van más allá de los límites de las empresas. Por un lado, el sistema educativo y de formación profesional es una pieza fundamental para el reciclaje de la mano de obra, pero, por otro lado, si la aplicación de las nuevas tecnologías continua incrementando los requisitos de cualificación que sólo se pueden obtener en el puesto de trabajo, es necesario modificar el sistema actual de financiación de esa cualificación. Para evitar barreras a la incorporación del progreso técnico es necesario reducir los costes que para la empresa supone la inversión en capital humano mediante sistemas adecuados de ayudas y estímulos.

Es necesario subrayar que desde esta perspectiva la exigencia de flexibilidad es más profunda que la que se deriva exclusivamente de la necesidad del ajuste macroeconómico, pues está vinculada a los cambios en profundidad que se están produciendo en el sistema hasta ahora vigente, de organización industrial. Existen unos factores, derivados tanto de la aplicación de nuevas tecnologías como de la estructura cambiante de los mercados y de competencia que promueve una organización más flexible de las máquinas y del trabajo. Según ello, el sistema de producción en gran escala a través de la gran empresa, que ha condicionado el modelo actual de relaciones laborales y de acción sindical, estaría dando paso a un nuevo modelo de "especialización flexible" de empresas de menor dimensión que permiten prácticas más flexibles en lo relativo a la innovación y a la definición de los empleos y de las calificaciones.

Las motivaciones aducidas hasta ahora en las demandas de flexibilidad del mercado de trabajo: mejor funcionamiento macroeconómico, ajuste microeconómico y adaptación a los cambios tecnológicos y en la organización industrial, se basan en la eficacia económica.

Sin embargo también existen razones basadas en la equidad para adoptar una actitud positiva en favor de una mayor flexibilidad de los mercados de trabajo, aunque ello no implica negar la existencia de conflictos entre equidad y eficiencia.

Como he dicho antes, un reforzamiento de la legislación protectora del empleo puede dar lugar a una intensificación del empleo oculto e ilegal, aumentando el número de personas con poca o nula protección. En este sentido es necesario señalar que resolver los problemas de la rigidez del mercado de trabajo por la vía falsa y equivocada de la tolerancia a la economía oculta y sumergida comporta graves problemas, no sólo de ineficiencia, sino también de injusticia, al favorecer la segmentación y discriminación en el mercado de trabajo y al vaciar progresivamente de contenido a toda la legislación social.

Así pues, creo que la flexibilización es una exigencia de ajuste más eficiente y también más justo al favorecer unos niveles de protección más amplios y más homogéneos.

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